Samuráis, Geishas y cerezos en flor…

Historia 07 - 04 - 2008

Ōsaka-jō

Japón, “la tierra del sol naciente” – se que esperaban leer el cliché-, ¿Qué tiene este insular país que nos atrae tanto a los occidentales? ¿Es acaso su cultura, lo exótico de sus costumbres, su constante adelanto en ámbitos tan dispares como la tecnología y la moda y al tiempo la ironía de que a nuestros ojos es aun un país tradicional y románticamente anticuado? Me atrevería a responder que son un conjunto de todos estos factores y aun mas el hecho de que en este collar de perlas del pacifico se encuentra grabado en nuestra memoria como el otro lado del mundo, la otra cara de la moneda cultural.

Y efectivamente así lo fue durante muchísimo tiempo, dado que Japón ya desde el siglo XVI era la orilla del mundo conocido, con el nombre de “Cipango” por exploradores como Marco Polo quien supo de ella como un rumor por parte de los chinos llego a oídos occidentales pero no fue sino hasta la accidental llegada de tres marineros portugueses en 1545-46 (no se sabe bien la fecha) a las costas niponas (la isla de Tanegashima al sur de Kyushu) que se materializaron dichos rumores en una realidad aun mas extraña y maravillosa. (En posteriores entradas discutiremos, mas sobre el impacto de este suceso en el Japón de la época), posteriormente serian los misioneros de la orden Jesuita quieres darían las primeras descripciones de primera mano del este “país”.

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