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Javier, según el explica nunca hizo grandes progresos hablando Japonés, y debe haber sido difícil exponer la teología cristiana con sus interpretes de educación deficiente, por ello cabe dudar de las 150 conversiones mencionadas en la entrada anterior, algunos de los primeros conversos debieron tener la impresión de estar uniéndose a una interesante secta budista, muchos de los conceptos cristianos no están tan alejados de los conceptos de las ramas amidistas del budismo japonés, conceptos tales como un redentor y el uso de cuentas para orar. Es importante señalar que el hecho de que Jesús fuera crucificado no fue en absoluto repulsivo para los japoneses, incluso pudo ser de un particular atractivo, ya que los héroes de las novelas y la vida real del Japón son generalmente los que sufren la derrota y la muerte gloriosa por una causa noble.

Fuesen comprendidas o no las doctrinas de Francisco Javier, tuvo una acogida parecida en muchas otras partes del Japón, y su primer informe a sus superiores en Goa resplandecía de entusiasmo:

“Al fin de la explicación siempre había disputas que duraban mucho. Continuamente estábamos ocupados en responder a las preguntas… perseveraban muchos días en estas preguntas y disputas; y después de pasados muchos días, se comenzaron a hacer cristianos, y los primeros que se hicieron fueron aquéllos que se nos habían mostrado más enemigos, así en explicaciones como en disputas… Poseen una cualidad que no recuerdo en ningún otro pueblo de la cristiandad: es que su pueblo, por empobrecido que este y los comunes por ricos que sean, rinden tanto homenaje a un caballero pobre como si fuese rico.” 1

Al escribir esto ultimo Javier se revela a si mismo mas como un noble español pobre y orgulloso que como un discípulo del humilde Jesús. El carácter guerrero de los japoneses no parece haberlo decepcionado en absoluto sino al contrario. Durante los noventa Años que los Jesuitas estuvieron en Japón, estos se dedicaron primordialmente a la conversión de nobles y samuráis con la esperanza de que, al convertir a las clases superiores, las inferiores les siguieran ya sea por ordenes u ejemplo.

Al poco tiempo de su visita Javier escucho del misterioso emperador que vivía en Kyoto y de su representante militar el Shogun. Nadie parecía obedecer a estos potentados, pero Javier decidió ir a visitarlos de todas formas. Posiblemente tenia la esperanza, como ya se dijo, de convertir a todo el Japón comenzando por sus gobernantes, como lo habían intentado con frecuencia los jesuitas en las regiones heréticas de Europa. En todo cazo, hizo el penoso y largo viaje a pie hasta la antigua capital, que encontró revuelta. El shogun no estaba en la capital y se le dijo que el emperador, que carecía de poder, no podía atenderlo. Tras decidir que no podía hacer nada en Kyoto, regreso a las comunidades del Japón occidental.

1Fernández, Ramiro
“Japón” en Vida y obra de San Francisco Javier
México, Ediciones Paulinas. 1990
Pág. 50

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