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El comercio comenzó a ser parte fundamental de las relaciones entre los feudos japoneses y los portugueses, estos pagaron generosos precios por los pocos artículos europeos que los marineros llevaban pero pagaron aun mas por los artículos de China, ya que, como se dijo en anteriores entradas, esta estaba cerrada al comercio con Japón.

El capitán Jorge Álvarez, comerciante portugués, visito el puerto de Kagoshima al sur de la isla de Kyushu en 1547, describió los alimentos, viviendas, castillos en las colinas y armas de los japoneses, Noto en sus escritos el fiero orgullo de los hombres y destaca que las mujeres van por las calles sin señorita de compañías como se acostumbraba en Portugal en esa época, Se muestra avergonzado, o al menos eso aparenta, al describir como con toda libertad ambos sexos se bañaban desnudos a la vista del viandante. La etiqueta compleja le llama la atención puesto que menciona el alto respeto dado al Daimio local y como los hijos de las familias se esforzaban por servirle, hace notar que los japoneses gustan de hablar en tono quedo y se sentían ofendidos por la manera tosca que hablar de los portugueses, le parecen curiosos los ademanes así como las pronunciadas reverencias entre los hombres de rango bajo para con los de alto rango.

Cuando el capitán Álvarez estuvo en el muelle de Kagoshima, refugio en su nave a un japonés llamado Yajiro, y lo oculto junto con dos de sus compañeros hasta que zarpo, Al llegar a Malaca, presento a los tres al Jesuita, Francisco Javier, quien mas tarde recibiera el titulo de Apóstol de las Indias, este quedo encantado con los japoneses y las descripciones que el capitán hizo de esa tierra. Inmediatamente se percato del potencial de este nuevo país como territorio fértil para la misión evangelizadora, un territorio civilizado sin la arrogancia de los chinos y de clima propicio.

Francisco Javier llevo a Yajiro y sus compañeros a Goa, donde aprendieron portugués y fueron convertidos a la fé católica. En abril de 1549 se pusieron en camino hacia el Japón, en Malaca tomaron un junco chino pirata (la única embarcación que consiguieron). El 15 de agosto entraron en el puerto de Kagoshima y Francisco Javier puso pie en el país que esperaba hacer la primera nación cristiana de oriente. El poderoso daimio de Satsuma señor feudal de Kagoshima, quien les dio permiso para predicar sus doctrinas, y convertir a quienes pudieran o quisieran. Lo escucharon respetuosamente gentes de todas posiciones inclusive sacerdotes budistas y antes de partir de Kagoshima habían bautizado a 150 conversos.

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