Ōsaka-jō

Japón, “la tierra del sol naciente” – se que esperaban leer el cliché-, ¿Qué tiene este insular país que nos atrae tanto a los occidentales? ¿Es acaso su cultura, lo exótico de sus costumbres, su constante adelanto en ámbitos tan dispares como la tecnología y la moda y al tiempo la ironía de que a nuestros ojos es aun un país tradicional y románticamente anticuado? Me atrevería a responder que son un conjunto de todos estos factores y aun mas el hecho de que en este collar de perlas del pacifico se encuentra grabado en nuestra memoria como el otro lado del mundo, la otra cara de la moneda cultural.

Y efectivamente así lo fue durante muchísimo tiempo, dado que Japón ya desde el siglo XVI era la orilla del mundo conocido, con el nombre de “Cipango” por exploradores como Marco Polo quien supo de ella como un rumor por parte de los chinos llego a oídos occidentales pero no fue sino hasta la accidental llegada de tres marineros portugueses en 1545-46 (no se sabe bien la fecha) a las costas niponas (la isla de Tanegashima al sur de Kyushu) que se materializaron dichos rumores en una realidad aun mas extraña y maravillosa. (En posteriores entradas discutiremos, mas sobre el impacto de este suceso en el Japón de la época), posteriormente serian los misioneros de la orden Jesuita quieres darían las primeras descripciones de primera mano del este “país”.

Así pues, como podemos ver, la fascinación occidental por el Japón no es para nada reciente, si bien en la actualidad nos son mas que las ultimas ondas de una regular marea que se extiende por un largo periodo, desde ese primer contacto en el siglo XVI , pasando luego a ser un lugar de mártires cristianos, un país de misterio por cerca de 200 años para después ser motivo de curiosidad internacional finales del siglo IXX, temido y despreciado durante mas de la primera mitad del siglo XX, es ahora que desde la segunda mitad del siglo XX y principios del XXI a tenido un renacimiento y en la mente occidental a recapturado la atención por las oleadas de programas de animación en los horarios infantiles de televisión, las películas tanto las japonesas como las occidentales que tratan de reflejarlo, los deportes, la tecnología y nuevamente esa extraña mezcla de presente y pasado romántico que nos hace soñar con ese “Cipango” de Samuráis, Geishas, cerezos en flor, ceremonias del té (sa-doo) y monjes zen en eterna meditación.

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